Soltera Codiciada Manual de la Soltera Codiciada

Déjame ser la Beyoncé de tu playlist

Lección #90: Terminar una relación interminable


couples breaking

 

Sabes que tienes que terminarle y lo sabes hace un tiempo.

Ya has perdido la cuenta de la cantidad de veces que has estado a punto de apretar el gatillo y has retrocedido llenándote de excusas “no es el momento correcto” “tal vez estoy apurándome” “se acerca mi cumpleaños y me da flojera estar soltera” (sí, a ratos eres una idiota también).

El tiempo, el famoso tiempo. ¿Te acuerdas como a los 12 años había esta especie de competencia entre amigas por quien duraba más en una relación? (la ganadora no superaba los 2 meses), ahora serías una campeona con todos estos pesados años que llevas bajo el brazo como un título, como una de las tantas muestras de que esta relación ha sido importante.

Ese tiempo también es una carga.

¿Cómo rompes aquello que ha durado tanto? ¿Cómo dejas, sin más, aquello que vienes construyendo, cuidando tantos minutos, semanas, meses, años?

¡Mierda! Sí, ¡mierda! ¿Por qué te sientes así? ¿Por qué no puedes volver a ser la persona con la sonrisa cojuda apoyando la cabeza en su hombro, sintiendo que eso era para siempre? Lo sentiste cuando se dieron ese primer beso y supieron que querían darse unos cuantos miles de otros, cuando se tomaron por primera vez de la mano y fue nuevo y un poco intimidante, cuando conversaron de cómo sería la vida juntos, los viajes locos, los posibles nombres de niños.

Desde el principio sentiste que esta era una persona con la que podías quedarte, y, cuando la rutina empezó a hacer de las suyas y ya no era todo tan emocionante ni nuevo, cuando aparecieron las peleas constantes, los reclamos, los resentimientos, los verdaderos “yo”, las dinámicas tóxicas, y peor aún, cuando dejaron de discutir y dieron paso a esta especie de resignación compartida, de “yo no te jodo, tú no me jodes y todos en paz”,  algo en ti sintió la desilusión de que fuese cierto que las parejas no pueden mantenerse enamoradas como el primer día todos los días, que amar a alguien no siempre tiene que ser excitante ni mantenerte al filo del asiento, que aparentemente es más como un paseo tranquilo en un camino sereno.

Puta que aburrido que suena eso.

Ahí esta el problema pues, que no te la crees. Es más, ya llevas un tiempo considerable tratando de decirte eso a ti misma y, o eres muy tonta para por fin creerlo o muy inteligente. Algo en ti siente que así no es el amor, ese del que hablaba aquel un éxito tropipop de la década pasada: amor del bueno. Algo en ti sospecha que cuando uno está con la persona correcta, el camino no deja nunca de ser emocionante, porque así estén echados en la cama viendo Netflix o en un safari en África, tu corazón permanece despierto, alegre, expectante y cuando lo miras a los ojos, sientes esa adrenalina de quien tiene al costado un amor que no se añeja, se renueva.

Ya sí, muy fácil ponerlo tan bonito, pero ¿dónde carajo está ese amor? Porque uno tiene que ser un poco racional también, ajustar expectativas, no puedes andar dejando algo bueno, estable, sincero, por la idea de que hay algo mejor. Esto es el juego de las sillas y cuando se apague la música, quieres que te agarre sentada.  ¡Es más! Pongámonos en el caso de que ya, sí, terminaras y después de mucho huevón sin gracia, encontrarás a Prince Charming, al Quentin Tarantino de tu Uma Thurman. Eso implicaría empezar todo de nuevo.

Primero pasar por los intentos de perfección: depilarte una vez por semana, decirle que a ti también te encanta esa música, fingir que no babeas en la almohada ni te despiertas con aliento a desaguadero. Esa ni siquiera es la parte difícil, es un poco divertida, lo complicado viene después: dejarse amar, dejarlo entrar, que conozca tus miedos e inseguridades, que sepa que 3 días antes de que te venga la regla es peor que cuando realmente te viene, que te aburre el misionero, que no sabes si estás trabajando en lo que deberías, que odias tus muslos, que hubieron otros que te hicieron daño y él está pagando los platos rotos.

Ya pasaste por eso, ya te ganaste esa medalla, ¿por qué la botarías a la basura y harías reset, cuando ya está a tu costado alguien que te conoce mejor que nadie?

Porque no solamente necesitas alguien que te conozca, necesitas alguien que te entienda, que vaya más allá de toda esa información y llegue a la esencia de lo que eres, lo que necesitas, lo que te hace feliz.

Así que ya es hora, déjalo ir. No lo veas como un fracaso, los dos ganaron y perdieron como en toda relación donde se da y se recibe. Si puedo adivinar, lo que más te asusta en el fondo no es estar sin él, es estar sola, es volver a salir por la puerta y ser solamente tú, con todos tus defectos y voces internas que ya no podrás esconder detrás de nadie. Y te digo algo, te va a hacer bien eso, te va a dar cancha.

Sal de ahí, ponle el punto final a esa historia porque cuando las páginas no son infinitas, hay que forzarse a llenarlas con algo más interesante.

 

 

Lección #89: No me felicites.


WOMEN DAY

No me felicites hoy, no me celebres el ser mujer porque sí, porque es coyuntural, porque viene después de San Valentín y antes del Día de la madre.

No te sientas llamado a decirme que las mujeres somos lindas, buenas, únicas. No es una fecha para que me des una palmadita en el hombro y me recuerdes lo “necesarias” que somos, sobre todo si va ligado al “porque ustedes nos dan la vida”. Nuestra participación en este mundo, en esta sociedad, no puede resumirse en eso.

No pongas tu marca ni tu empresa al lado del “feliz día mujer”. Sí yo sé, es difícil amarrarse las manos y no participar en una coyuntura porque hey, todos dicen que hay que ser parte de la “conversación”. No eres parte de esta. No si las mujeres que trabajan para ti, ganan menos que los hombres, no si te hiciste de la vista gorda cuando una trabajadora te dijo que sus compañeros le hacían comentarios inapropiados, no si ves el embarazo como una desventaja o sientes más confianza delegándole a los hombres. Si quieres homenajear a las mujeres, empieza por casa, tu saludo en letras rosadas no sirve de nada.

No me saludes tú tampoco, mujer. No me digas cosas como “porque somos las mejores”, porque no es así. Somos las primeras en echarnos lodo, en decirle perra a una chica soltera que hace con su sexualidad lo que mejor le parece, porque nos encanta jugar la carta de víctimas frente a los hombres, porque nos ponemos el pie las unas a las otras y nos manipulamos sin vergüenza. No me saludes por el día de la mujer si todavía encuentras exagerado que haya una ley contra el acoso callejero, si todavía encuentras cierta comodidad en las formas machistas.

Este día nació como consecuencia de una lucha, de un grupo de mujeres de hierro que salieron a gritar “queremos igualdad” cuando nadie quería escucharlas.

¿Sabes cuando pasó eso? Hace poco se cumplieron 100 años. 100 años que son segundos en un libro de historia. Tómate un momento, mujer, para imaginar eso, para imaginar aquella no tan lejana sociedad donde no podías elegir a la persona que te gobernara, ni acceder a una educación profesional. Tu no valías por ti, por tus opiniones ni talentos, sino por tu capacidad de asumir tu rol callada y servir, servir a tu esposo, servir a tu padre, servir a cual fuese la figura masculina que decidía por ti, por tu cuerpo, por tu vida personal, por tu ocupación, por tu vida.

Deja que te enoje eso un ratito, deja que te indigne y te avergüence, porque es bueno que sea así, implica que te importa y tiene que importarte, es la única manera de que esta fecha signifique algo. Tiene que dolerte pensar en la cantidad de generaciones de mujeres que pasaron sintiéndose invisibles, que maldijeron cada uno de sus días por no haber nacido hombres, tiene que enfurecerte el hecho de que en muchas partes del mundo, esa sociedad, sigue existiendo.

Entonces no me felicites sólo respétame, escúchame, valórame. Hazlo hoy y después mañana, y así sucesivamente hasta que ya no necesitemos un día para recordarnos la importancia de hacerlo.

Lección #88: Amiga, eres una idiota


Tú sabes que yo siempre estoy de tu lado, es mi tarea como amiga. El código de honor femenino amical me ha hecho llevarte chocolate cuando te dolieron los ovarios, poner a tu disposición mi closet cual boutique y nunca juzgar la cantidad de comida que pediste de delivery. Junto con esto también te he dado mi apoyo en tus múltiples idas y venidas, crisis existenciales y por supuesto, he estado ahí para alcanzarte obscenas cantidades de kleenex cuando algún pelotudo promedio te hizo daño. Te considero una mujer linda, cariñosa, simpática y divertida.

Habiendo dicho todo esto, eres una idiota. Yeap, del 1 al 10, siendo 1 “tiene el coeficiente intelectual de un caracol hervido” eres un 0 ahorita.

Y esto es un newsflash porque casi como que habíamos acordado que los idiotas eran ELLOS, que los que no entienden y no ven mas allá de sus pendejas narices eran ELLOS. Hemos tenido al enemigo claro un buen rato, nos hemos reído de eso entre tragos, nos hemos tirado a la cara nuestros cuestionables gustos una y otra vez y hemos elevado incontables veces nuestras plegarias al holgazán de cupido, encargándole que el siguiente que mande, venga sin tanto efecto secundario.

Pero ahora eres tú tu propio enemigo amiga mía. Si en este momento estuviéramos en una serie gringa de abogados, el jurado te encontraría culpable por unanimidad. ¿Los cargos? Necedad de primer y segundo grado, homicidio culposo (de tu criterio) y encaprichamiento agravado.

Sí, él es un idiota y eso ya lo habíamos dejado en claro. Es tóxico, inseguro, manipulador, inmaduro. Lo dejamos claro cuando lo conversamos como una situación hipotética “si algún día te metieras con él, sería un desastre”. Pasamos a seguir dejándolo en claro cuando decidiste experimentar por ti misma la teoría e ir a la práctica. Debo decir que en esa primera vez mi discurso fue breve y conciso, porque tanto tú como yo sabíamos que la cosa no debía durar mucho.

Pero duró.

Una vez que te vi ya metida en la arena movediza hasta las rodillas, te tiré un palo, te recordé todas las razones por las que era mejor ir a una playa normal, con arenas que no te succionaran la vida y tú me prometiste que saldrías de ahí.

La siguiente conversación, estabas metida hasta el cuello, arrepentida. En esa ocasión yo usé otra de mis técnicas de combate, ya no te grité ni te reté, apelé a tus emociones, al cariño, a que me partía el corazón verte hundida en una situación absurda y cuando eso no llegó a nada, usé mi última munición y apelé a tu orgullo. Te puse un espejo en frente, para que vieras como los demás estábamos mirándote, para que de la pura piconería salieras cual fiera de la arena, te sacudieras y pasaras la página.

Pero oh, sorpresa, eso tampoco funcionó.

Entonces está claro que no hay nadie vendándote sino que estás tú solita manteniendo los ojos cerrados.

Habiendo dicho eso, el código de honor femenino amical también establece que así tus decisiones amorosas actuales te hagan reencarnar en una larva en tu siguiente vida, yo debo respetarlas y hacer un intento por evitar golpearte con un mazo.

Lo hago, pero mi responsabilidad como amiga me hace decirte una última cosa:

No me digas que eres feliz porque la felicidad no se ve así, no me pases gato por pollo #ChifaModeOn.  La felicidad trae paz, trae certidumbre. No hay felicidad donde hay inseguridad, donde hay secretos, donde todo el tiempo hay que andar sacrificando algo para seguir teniendo aquello. No se puede ser feliz con una cuenta regresiva de fondo ni caminando por un campo minado.

Y estoy tan segura de esto porque te he visto feliz antes, porque nadie merece más que tú ser feliz de nuevo y porque nadie te lo desea más que yo.

 

 

 

Lección #87: Lo que quiero para el 2015


2015

Ay 2015, realmente quiero que seas un gran año. Sí lo sé, sientes que se lo he dicho a todos los demás años, pero siendo sinceros, no se puede confiar en alguien con 4 copas de champaña encima, lentes ridículos y ropa interior amarilla.

Entonces te la voy a poner fácil, porque entiendo que todo el tema de “encontrar al amor de mi vida, hacerme millonaria, ganar un Grammy y amanecer 10 cm más alta” son metas un tanto exigentes.

2015 necesito que este año:

1. La proporción de matris que hay en mi Facebook tenga una correlación con la proporción de ellos a los que me invitan. O sea, si ya tengo que ver la sesión de 45 fotos de los novios corriendo por praderas, por lo menos que de vez en cuando me liguen un par de buenas mesas de quesos y champaña a discreción. Esta solicitud también se aplica para viajes por el mundo pero no es válida para embarazos.

2. Un aumento de ocasiones en las que pueda estar sin sostén: En el 2014 se cumplieron 100 años desde la invención del “sujetador”. 2015, se mejor, se el año que abolió la esclavitud de las boobies. No digo que tengamos que hacer marchas al respecto pero por lo menos traer de vuelta la moda de las chompas anchas #DiosLasBendiga.

3. No quiero lidiar con ningún departamento de atención al cliente: Mi llamada no es importante para ellos, yo lo sé, ellos lo saben, mi gastritis crónica lo sabe. Personalmente si quisiera que me dejaran colgada,  acumulando ira y frustración cada segundo mientras imagino posibles formas de venganza, llamaría a mi ex.

4. Que dejen de agregarme pervertidos corporativos por Linkedin: Esto no es Hi5 pero con fotos en terno, hermanos, vuelvan a Tinder.

5. Que Britney baile bien de nuevo: esta es un poco complicada lo sé, porque últimamente parece estar hecha de legos, pero sería bacán que el 2015 fuese el año en que Britney sacara alguna canción pop, no ELECTROpop, se pusiera sus sketchers de nuevo, se chapara a Madonna y rescatara de una buena vez a los VMA’S del olvido.

6. Que las radios dejen de decir “lo más nuevo de [inserte nombre de artista comercial aquí]” para anunciar una canción de hace por lo menos medio año. Las radios son como la amiga que insiste en regresar con su ex, viven en el pasado. Si ya estamos en eso, es momento de que acepten que no está bien seguir poniendo “where is the love” y “wasn’t me”. BASTA.

7. Que el 2015 Facebook no saqué la herramienta para hacer el recuento de lo que fue tu año.

A-NADIE-LE-IMPORTA.

8. Que pase la moda de los culos grandes. No , en serio, las mujeres ya tenemos suficientes ansiedades de por medio como para que nos pongan eso encima, Ya tuvimos que sobrevivir a la moda de los aretes en el ombligo, y de las iluminaciones, creo que no saldremos vivas de esta. ¿Es que acaso no fueron suficientes los sostenes con relleno a los 13 para tener que andar poniéndome almohadas en el calzón a los 26?

9. A todos los que les encanta iniciar debates en los comentarios de Facebook, sobre cosas que debieron tomarse de manera más ligera, un mensaje importante:  RELAJA EL CHORO. Mientras lo haces, voy a borrarte como amigo más bien.

Y eso sí 2015, no te olvides de traerme esos ataques de risa incontrolables en los que te duele el estomago y te quedas sin aire,  más siestas largas en cucharita y conversaciones por teléfono que te dejan el oído hirviendo y el corazón tranquilo. Que venga también con un par de buenos llantos, que despejen mi cabeza y me hagan sentir más ligera, y momentos agridulces que cumplan con recordarme que la vida es un poco tragicómica y está bueno que sea así.

Salud por esas 365 mini batallas que le ganaremos al universo de nuevo.

Feliz año!!! :)