Soltera Codiciada Manual de la Soltera Codiciada

Déjame ser la Beyoncé de tu playlist

Lección #91: Sobria vs Borracha


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Porque todo depende del ojo con el que se mire (y la cantidad de alcohol consumida previamente):

La honestidad:

Sobria: Esta chica nunca me cayó muy bien, siempre la encontré antipática así que terminaré esta conversación civilizadamente y me iré para otra parte. 

Borracha:

- Webona ahora que somos patas…

*la abraza

… siento que te puedo decir lo que sea ¿me entiendes? Te voy a confesar algo súuuuper gracioso: siempre me has caído como el orto de mal, creo que tiene que ver con la tremenda ñanga que tienes que pareciera que siempre la tienes pa’ariiba, pero eso no es justo porque es gigante y fácil naciste con ese defecto congenial (?) y quien soy yo pa juzgarte y decirte Tucán a tus espaldas…

La respuesta a la pregunta “¿Estás borracha?”:

Sobria: No, estoy tranquila.

Borracha:

- ¿Yiooo voyastar borracha? ¿YIO?…ah no, espérate, déjame pararme…

* Se para, tropieza y vuelve caer en el sillón

…jajajajaj no no, eso ha sido pura coincidencia mira mira voy a hacer el 4 pa que veas que estoy freshhhhh, ¿así es el 4?…

*solo está parada tocándose la nariz.

…¿no? ah ya sé, tú quieres que haga “el 4″ ¿verdad?, tipo chuculun, ¡dos dedos en el piso ah! ¡dos dedos en el piso!

*es llevada al sillón por dos amigos después de no poder recuperar su posición inicial.

La idea de combinar alcoholes:

Sobria:

- Oye, ¿quieres un ron después de esa chela?

- No broder, yo termino mi chela y estoy perfecta, ¡gracias!

Borracha:

- Oye, ¿quieres un ron después de esa jonca?

- ¿Qué tal si mejor NO esperamos a después y me sirves ahorita un poooquito de ron en este vaso de chela, porque al final todo igual se va a mezclar adentro ¿sabes? así que mejor vamos pidiendo la ronda de Jäger también porque con el alcohol como con el sexo hermano, una vez que le dices sí a algo nuevo, te dan ganas de seguir probando todo lo demás.

La comida

Sobria: Creo que tengo un poco de hambre, llegando a casa veré si como algo. 

Borracha: Tengo tanta hambre; siento que la última vez que comí estaban vivos todos los Beatles. Me acabo de imaginar una pizza de pepperoni hundida en mantequilla de ajo y creo que tuve un mini orgasmo. Siento que podría comerme una hamburguesa que estuviese adentro de un burrito y todo eso bañado en salsa chedar con papas fritas al costado. Y un milkshake, de hecho un milkshake. 

El cariño:

Sobria: Hola persona que tiene algún vínculo importante conmigo, déjame abrazarte por breves segundos y de ahí mantener una conversación que respete tu espacio personal.

Borracha: Perensejaaaaaaaaa!!!!!! webonaaaaa te amoooooooooo, abracémonos un culo hermana, abracémonos por los siguientes 15 minutos mientras te digo lo chévere persona que eres y recapitulo torpemente algún capítulo insignificante de nuestra amistad mientras pego mi cara a la tuya de manera que puedas oler por ti misma todos los tipos de tragos que tengo en el cuerpo.

El coqueteo

Sobria: Ese chico parece un idiota.

Borracha: Oh por dios ese pata es un dios, siento una vibra locasa entre los dos, fácil debería atraerlo primero con un par de movimientos sensuales…exacto, mira como muevo mis caderas de manera circular, que tal si ahora de manera oblicua… oops, se me chorreó un poco de trago en el vestido pero es un poco sexi ¿verdad?, aunque mi vestido sea blanco y esté tomando ron coca cola. Está bien, voy a agarrar contigo esta noche pero no le digas a nadie. 

Textear

Sobria:

*Pone a mamá en el destinatario

- Está buena la fiesta pero creo que ya me voy a casa en un rato :)

Borracha:

*Pone al ex en el destinatario

- T exrajo mishu alor, mamame =$

La música

Sobria: Buena canción.

Borracha: Estaaa es la mejoooor cancióooooon DEL MUNDOOOOOOO, webonaaa vamos a bailaaaar. ¿¿¿cómo que no me conoces??? tú solo siente el buuuum de este perreo intenso haaaasta aabajoooo, hastaaaa abajoooooooo… uy, jaja, me caí jajajajajajaja, ayúdameeeee…

El día siguiente:

Sobria: ¡Oh que día tan soleado el que me despierta! tal vez deba aprovechar e ir hacer power yoga y tomarme un batido green mientras hago “el águila” o intentar escribir mi primera novela después de resolver estos ejercicios matemáticos. 

Borracha: ¡¿Qué le pasa a mis ojos?! ¿¿Por qué me están apuntando con un láser amarillo?! Oh por dios ¿ya es de día? ¿Por qué estoy viva Señor, por qué permites que una hija tuya sufra de esta manera? Mi lengua, esta pegada a mi paladar, debo conseguir agua… nop, no estoy lista para pararme. Voy a quedarme inmóvil aquí hasta que dejen de hacerme acupuntura con clavos en la cabeza, ¿es posible que sienta mi lóbulo frontal y que tan grave sería que me lo quitara?… mi reino por una Gatorade. 

Lección #90: Terminar una relación interminable


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Sabes que tienes que terminarle y lo sabes hace un tiempo.

Ya has perdido la cuenta de la cantidad de veces que has estado a punto de apretar el gatillo y has retrocedido llenándote de excusas “no es el momento correcto” “tal vez estoy apurándome” “se acerca mi cumpleaños y me da flojera estar soltera” (sí, a ratos eres una idiota también).

El tiempo, el famoso tiempo. ¿Te acuerdas como a los 12 años había esta especie de competencia entre amigas por quien duraba más en una relación? (la ganadora no superaba los 2 meses), ahora serías una campeona con todos estos pesados años que llevas bajo el brazo como un título, como una de las tantas muestras de que esta relación ha sido importante.

Ese tiempo también es una carga.

¿Cómo rompes aquello que ha durado tanto? ¿Cómo dejas, sin más, aquello que vienes construyendo, cuidando tantos minutos, semanas, meses, años?

¡Mierda! Sí, ¡mierda! ¿Por qué te sientes así? ¿Por qué no puedes volver a ser la persona con la sonrisa cojuda apoyando la cabeza en su hombro, sintiendo que eso era para siempre? Lo sentiste cuando se dieron ese primer beso y supieron que querían darse unos cuantos miles de otros, cuando se tomaron por primera vez de la mano y fue nuevo y un poco intimidante, cuando conversaron de cómo sería la vida juntos, los viajes locos, los posibles nombres de niños.

Desde el principio sentiste que esta era una persona con la que podías quedarte, y, cuando la rutina empezó a hacer de las suyas y ya no era todo tan emocionante ni nuevo, cuando aparecieron las peleas constantes, los reclamos, los resentimientos, los verdaderos “yo”, las dinámicas tóxicas, y peor aún, cuando dejaron de discutir y dieron paso a esta especie de resignación compartida, de “yo no te jodo, tú no me jodes y todos en paz”,  algo en ti sintió la desilusión de que fuese cierto que las parejas no pueden mantenerse enamoradas como el primer día todos los días, que amar a alguien no siempre tiene que ser excitante ni mantenerte al filo del asiento, que aparentemente es más como un paseo tranquilo en un camino sereno.

Puta que aburrido que suena eso.

Ahí esta el problema pues, que no te la crees. Es más, ya llevas un tiempo considerable tratando de decirte eso a ti misma y, o eres muy tonta para por fin creerlo o muy inteligente. Algo en ti siente que así no es el amor, ese del que hablaba aquel un éxito tropipop de la década pasada: amor del bueno. Algo en ti sospecha que cuando uno está con la persona correcta, el camino no deja nunca de ser emocionante, porque así estén echados en la cama viendo Netflix o en un safari en África, tu corazón permanece despierto, alegre, expectante y cuando lo miras a los ojos, sientes esa adrenalina de quien tiene al costado un amor que no se añeja, se renueva.

Ya sí, muy fácil ponerlo tan bonito, pero ¿dónde carajo está ese amor? Porque uno tiene que ser un poco racional también, ajustar expectativas, no puedes andar dejando algo bueno, estable, sincero, por la idea de que hay algo mejor. Esto es el juego de las sillas y cuando se apague la música, quieres que te agarre sentada.  ¡Es más! Pongámonos en el caso de que ya, sí, terminaras y después de mucho huevón sin gracia, encontrarás a Prince Charming, al Quentin Tarantino de tu Uma Thurman. Eso implicaría empezar todo de nuevo.

Primero pasar por los intentos de perfección: depilarte una vez por semana, decirle que a ti también te encanta esa música, fingir que no babeas en la almohada ni te despiertas con aliento a desaguadero. Esa ni siquiera es la parte difícil, es un poco divertida, lo complicado viene después: dejarse amar, dejarlo entrar, que conozca tus miedos e inseguridades, que sepa que 3 días antes de que te venga la regla es peor que cuando realmente te viene, que te aburre el misionero, que no sabes si estás trabajando en lo que deberías, que odias tus muslos, que hubieron otros que te hicieron daño y él está pagando los platos rotos.

Ya pasaste por eso, ya te ganaste esa medalla, ¿por qué la botarías a la basura y harías reset, cuando ya está a tu costado alguien que te conoce mejor que nadie?

Porque no solamente necesitas alguien que te conozca, necesitas alguien que te entienda, que vaya más allá de toda esa información y llegue a la esencia de lo que eres, lo que necesitas, lo que te hace feliz.

Así que ya es hora, déjalo ir. No lo veas como un fracaso, los dos ganaron y perdieron como en toda relación donde se da y se recibe. Si puedo adivinar, lo que más te asusta en el fondo no es estar sin él, es estar sola, es volver a salir por la puerta y ser solamente tú, con todos tus defectos y voces internas que ya no podrás esconder detrás de nadie. Y te digo algo, te va a hacer bien eso, te va a dar cancha.

Sal de ahí, ponle el punto final a esa historia porque cuando las páginas no son infinitas, hay que forzarse a llenarlas con algo más interesante.

 

 

Lección #89: No me felicites.


WOMEN DAY

No me felicites hoy, no me celebres el ser mujer porque sí, porque es coyuntural, porque viene después de San Valentín y antes del Día de la madre.

No te sientas llamado a decirme que las mujeres somos lindas, buenas, únicas. No es una fecha para que me des una palmadita en el hombro y me recuerdes lo “necesarias” que somos, sobre todo si va ligado al “porque ustedes nos dan la vida”. Nuestra participación en este mundo, en esta sociedad, no puede resumirse en eso.

No pongas tu marca ni tu empresa al lado del “feliz día mujer”. Sí yo sé, es difícil amarrarse las manos y no participar en una coyuntura porque hey, todos dicen que hay que ser parte de la “conversación”. No eres parte de esta. No si las mujeres que trabajan para ti, ganan menos que los hombres, no si te hiciste de la vista gorda cuando una trabajadora te dijo que sus compañeros le hacían comentarios inapropiados, no si ves el embarazo como una desventaja o sientes más confianza delegándole a los hombres. Si quieres homenajear a las mujeres, empieza por casa, tu saludo en letras rosadas no sirve de nada.

No me saludes tú tampoco, mujer. No me digas cosas como “porque somos las mejores”, porque no es así. Somos las primeras en echarnos lodo, en decirle perra a una chica soltera que hace con su sexualidad lo que mejor le parece, porque nos encanta jugar la carta de víctimas frente a los hombres, porque nos ponemos el pie las unas a las otras y nos manipulamos sin vergüenza. No me saludes por el día de la mujer si todavía encuentras exagerado que haya una ley contra el acoso callejero, si todavía encuentras cierta comodidad en las formas machistas.

Este día nació como consecuencia de una lucha, de un grupo de mujeres de hierro que salieron a gritar “queremos igualdad” cuando nadie quería escucharlas.

¿Sabes cuando pasó eso? Hace poco se cumplieron 100 años. 100 años que son segundos en un libro de historia. Tómate un momento, mujer, para imaginar eso, para imaginar aquella no tan lejana sociedad donde no podías elegir a la persona que te gobernara, ni acceder a una educación profesional. Tu no valías por ti, por tus opiniones ni talentos, sino por tu capacidad de asumir tu rol callada y servir, servir a tu esposo, servir a tu padre, servir a cual fuese la figura masculina que decidía por ti, por tu cuerpo, por tu vida personal, por tu ocupación, por tu vida.

Deja que te enoje eso un ratito, deja que te indigne y te avergüence, porque es bueno que sea así, implica que te importa y tiene que importarte, es la única manera de que esta fecha signifique algo. Tiene que dolerte pensar en la cantidad de generaciones de mujeres que pasaron sintiéndose invisibles, que maldijeron cada uno de sus días por no haber nacido hombres, tiene que enfurecerte el hecho de que en muchas partes del mundo, esa sociedad, sigue existiendo.

Entonces no me felicites sólo respétame, escúchame, valórame. Hazlo hoy y después mañana, y así sucesivamente hasta que ya no necesitemos un día para recordarnos la importancia de hacerlo.

Lección #88: Amiga, eres una idiota


Tú sabes que yo siempre estoy de tu lado, es mi tarea como amiga. El código de honor femenino amical me ha hecho llevarte chocolate cuando te dolieron los ovarios, poner a tu disposición mi closet cual boutique y nunca juzgar la cantidad de comida que pediste de delivery. Junto con esto también te he dado mi apoyo en tus múltiples idas y venidas, crisis existenciales y por supuesto, he estado ahí para alcanzarte obscenas cantidades de kleenex cuando algún pelotudo promedio te hizo daño. Te considero una mujer linda, cariñosa, simpática y divertida.

Habiendo dicho todo esto, eres una idiota. Yeap, del 1 al 10, siendo 1 “tiene el coeficiente intelectual de un caracol hervido” eres un 0 ahorita.

Y esto es un newsflash porque casi como que habíamos acordado que los idiotas eran ELLOS, que los que no entienden y no ven mas allá de sus pendejas narices eran ELLOS. Hemos tenido al enemigo claro un buen rato, nos hemos reído de eso entre tragos, nos hemos tirado a la cara nuestros cuestionables gustos una y otra vez y hemos elevado incontables veces nuestras plegarias al holgazán de cupido, encargándole que el siguiente que mande, venga sin tanto efecto secundario.

Pero ahora eres tú tu propio enemigo amiga mía. Si en este momento estuviéramos en una serie gringa de abogados, el jurado te encontraría culpable por unanimidad. ¿Los cargos? Necedad de primer y segundo grado, homicidio culposo (de tu criterio) y encaprichamiento agravado.

Sí, él es un idiota y eso ya lo habíamos dejado en claro. Es tóxico, inseguro, manipulador, inmaduro. Lo dejamos claro cuando lo conversamos como una situación hipotética “si algún día te metieras con él, sería un desastre”. Pasamos a seguir dejándolo en claro cuando decidiste experimentar por ti misma la teoría e ir a la práctica. Debo decir que en esa primera vez mi discurso fue breve y conciso, porque tanto tú como yo sabíamos que la cosa no debía durar mucho.

Pero duró.

Una vez que te vi ya metida en la arena movediza hasta las rodillas, te tiré un palo, te recordé todas las razones por las que era mejor ir a una playa normal, con arenas que no te succionaran la vida y tú me prometiste que saldrías de ahí.

La siguiente conversación, estabas metida hasta el cuello, arrepentida. En esa ocasión yo usé otra de mis técnicas de combate, ya no te grité ni te reté, apelé a tus emociones, al cariño, a que me partía el corazón verte hundida en una situación absurda y cuando eso no llegó a nada, usé mi última munición y apelé a tu orgullo. Te puse un espejo en frente, para que vieras como los demás estábamos mirándote, para que de la pura piconería salieras cual fiera de la arena, te sacudieras y pasaras la página.

Pero oh, sorpresa, eso tampoco funcionó.

Entonces está claro que no hay nadie vendándote sino que estás tú solita manteniendo los ojos cerrados.

Habiendo dicho eso, el código de honor femenino amical también establece que así tus decisiones amorosas actuales te hagan reencarnar en una larva en tu siguiente vida, yo debo respetarlas y hacer un intento por evitar golpearte con un mazo.

Lo hago, pero mi responsabilidad como amiga me hace decirte una última cosa:

No me digas que eres feliz porque la felicidad no se ve así, no me pases gato por pollo #ChifaModeOn.  La felicidad trae paz, trae certidumbre. No hay felicidad donde hay inseguridad, donde hay secretos, donde todo el tiempo hay que andar sacrificando algo para seguir teniendo aquello. No se puede ser feliz con una cuenta regresiva de fondo ni caminando por un campo minado.

Y estoy tan segura de esto porque te he visto feliz antes, porque nadie merece más que tú ser feliz de nuevo y porque nadie te lo desea más que yo.