Soltera Codiciada Manual de la Soltera Codiciada

Déjame ser la Beyoncé de tu playlist

Lección #97: El poder de la culpa


culpa

Sientes culpa por no tener el pelo más manejable, la frente sin líneas de expresión, la nariz más pequeña, los ojos más marcados, la boca más carnosa, las pestañas más rizadas, el torso más alargado, las tetas más grandes, el poto más levantado, la cintura más estrecha, el abdomen más plano, los muslos más contorneados, las pantorrillas más definidas, los pies más delicados. Sientes culpa por no estar comiendo menos, por no haber intentado suficientes dietas, planes nutricionales, batidos extraños.

Sientes culpa por decir que empezarás el gimnasio y no lo haces y cuando lo haces y lo dejas, sientes culpa por no ser consecuente con esa meta. Sientes hambre y robas un pedazo de pizza prohibido que una vez terminado, deja atrás el auto reclamo por haber sido débil y la decisión de subalimentarte todos los siguientes días para pagar por ello. No puedes disfrutar la comida porque sí, porque es un placer que no debería conllevar mayor cuestionamiento. No, la comida tiene que ser un premio al buen comportamiento y a su vez, un disparador de culpa tan fuerte que te encarrile de nuevo. Todo para bajar esos rollitos insoportables que se escapan por las orillas del jean y que están tan lejos de la foto de Instagram de la modelo de 18 años que sigues. Todo esto para impresionar a algún hombre al que ni siquiera le importa, un hombre al que tú no le exigirías de vuelta lo mismo.

Sientes culpa por ser demasiado desinhibida. Sientes culpa por la borrachera, el baile pegado, el mensaje calentón, el número de conquistas ascendente, las sábanas trajinadas. Sientes culpa porque te han dicho que así nunca te tomarán en serio, que así no actúan las damas, que nuestras hormonas, nuestra sexualidad, nuestros deseos nos deprecian, nos quitan valor de reventa, nos mosquean. Debes tratarte a ti misma como una reliquia, como una pieza que debe procurar conservarse, mantenerse intacta, impoluta porque así aumentará su valor.

Sientes culpa por no podértela con todo a la vez. Por querer escapar dos semanas a alguna isla desierta donde no tengas que alimentar al bebé a las 3am, ni depilarte entera para sentirte deseable, ni responder emails pasivo agresivos del trabajo. Sientes culpa por no estar casada cuando todos tus amigos lo están, por no ser madre cuando ya estás casada, por no tener una profesión cuando estás criando a los niños o por tenerla y estarlos descuidando. Sientes aún más culpa si no te interesa ni el matrimonio, ni la maternidad; es que al final, una parece estar siempre en falta.

Sientes culpa por tus fracasos amorosos. Te persigue, te asedia la sensación de que fallaste, que si tan solo te permitieran reescribir un par de cosas en la historia, podrías lograr un final feliz. Y el tema no es que no te hayas equivocado (porque sí que nos equivocamos en estos temas), es que la culpa te nubla con facilidad la cabeza, te hace repasarlo todo una y otra vez como si tu paz y tranquilidad emocional dependieran de encontrar el momento en que arruinaste todo y así poder autoflagelarte por ello. Te cuesta ver los errores como aprendizajes, prefieres verlos como razones para reclamarte, para obsesionarte con lo distinto que podría haber sido todo si hubieses omitido u agregado tal cosa. Sientes culpa y eso te amarra a una persona aún cuando el amor ya se ha ido.

La culpa te come por dentro, la culpa no es acción, no es cambio. Todo lo que proviene de la culpa está manchado por la inseguridad y la sensación de no ser suficiente. La culpa te endeuda, te persigue, te inhibe de defenderte o de perdonarte. La culpa nunca trae disfrute, alegría, realización.

Mírala a la cara, reconócela y oblígate a dejarla ir, oblígate a no tomar una sola decisión más que venga alimentada por ella y sé una mujer más libre por eso.

 

11 momentos inolvidables que me ha traído este blog


1. La publicación del primer post y mi total seguridad de que mi único público serían mi madre y dos amigas solo para despertar al día siguiente y ver atónita que el conteo de visitas estaba en 200.

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2. La vez que con dos cinco tragos demás le pregunté a una chica en el baño de Aura si alguna vez había leído Soltera Codiciada y me dijo “Abviaaa es una diosaa” y casi me meo encima de la emoción (por eso y porque faltaban como cuatro chicas para que me tocara).

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3. Cuando gané el premio “Blog más popular” en el 2012 y como era anónimo, mandé a mi hermano a recibirlo lo que hizo que todos pensaran que era él el que escribía el blog y que Soltera Codiciada era un hombre, causando una ola de pánico, llanto y risa (y cuando digo “ola” me refiero a mí y a mi mamá)

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Este es mi hermano, todavía no me perdona

4. La tarde de Julio en que abrí mi inbox de Facebook y tenía un mensaje de Santillana (!) pidiendo conversar conmigo porque estaban interesados en hacer un proyecto editorial a lo que respondí que encantada, no sin antes pasarme una hora en posición fetal con los ojos desorbitados.

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5. La vez en que Radio San Borja me invitó a una entrevista y cuando terminamos, unas chicas me pidieron mi primer autógrafo lo que me hizo sentir como una rockstar (hasta que vi mi letra y me sentí como un mono). 

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6. Esas seis de la mañana en que desperté con ataque de pánico porque era el día en que salía la edición de Ellos y Ellas que revelaba que yo estaba detrás del blog, y estaba en la portada, y parecía estar calata en esa portada, y en ese momento yo estaba en un pueblo perdido donde nadie vendía la revista y tuve que verlo todo en un iPhone con mala señal. Pero me fui tranquilizando cuando empezaron a llegar los comentarios simpáticos de la gente, incluyendo los de un par de amixers que pusieron “eztas wapa amiga”.

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Tenía ropa, lo juro. 

7. La presentación de mi primer libro que también fue la primera vez que pude conocer y abrazar a mucha de la gente linda que sigue y disfruta el blog. Nunca sabré como entramos 500 personas en el patio del Ayahuasca pero fue una noche mágica, loca e inolvidable.

presenta

Hola, tengo cara de cojuda. 

8. La presentación del libro en Trujillo donde me acompañó Renato Cisneros. No es secreto lo fan que fui de su blog (y lo fan que sigo siendo de su pluma). El hecho de que “Busco Novia” hubiese sido una inspiración para “Soltera Codiciada” y él estuviera ahí, le dio a todo una simbología muy bacán.

thatwasbeautiful

9. Cuando hicimos el “Ladies night” con algunas lectoras del blog y terminamos todas chuecas, bailando Beyonce y compartiendo malas experiencias amorosas (o sea un sábado cualquiera).

beyonce

10. Esa notificación al twitter de SC que me puso en contacto con el hombre que pronto será mi esposo y cómo mucho de esa historia loca y bacán terminó convirtiéndose en mi segundo libro: #Click.

click

Basada en hechos reales. 

11. Ese domingo en que compartí aquí la noticia del fallecimiento de mi papá, en el post más difícil que he escrito, y tanta gente hermosa se tomó el tiempo de dejarme muestras de cariño y apoyo, la mayoría sin conocerme y muchos estando lejos, se dieron un momento para mandarme un abrazo virtual… y lo sentí y agradecí con toda el alma. 

Este blog lo cambió todo para mí, no es un repositorio de posts que buscan clics, no es un negocio. Es parte mía y parte también de todos los que lo leen, siguen y comparten. Me emociono siempre que alguien me cuenta que una cosa que yo escribí le afectó de alguna manera positiva. Sepan, que ustedes me han afectado a mí de vuelta, que lo que me han ayudado a construir aquí me ha traído inmensas cuotas de felicidad.

Gracias por estos 4 años codiciados y codiciadas <3

#SC

Lección #96: Carta a la nueva novia de mi ex


exenamorada

Tú y yo no nos caemos bien, dejemos eso en claro. No importa que tan simpática seas tú o que tan superada sea yo, hay una enemistad casi inevitable cuando se trata de dos mujeres que han estado calatas con el mismo hombre sin querer hacerlo (aprovecho de advertirte que él te pedirá una versión de eso por su cumpleaños).

Sabía que llegarías tarde o temprano, por supuesto, pero imaginé que 1) serías deforme 2) llegarías después de que Bradley Cooper viniera a Latinoamérica en búsqueda de esposa y se topara conmigo.

Pero las cosas no se dieron así. Tú y tu perfectamente normal apariencia llegaron para quedarse en medio de que yo abría la refrigeradora para sacar la pizza del día anterior y servírmela como desayuno mientras revisaba si había hecho match con el gringo de los abdominales en Tinder.

¿Cómo así? Bueno, Facebook me lo dijo, porque aparentemente no fue suficiente con borrar a mi ex, debí eliminar a todos nuestros amigos en común, gente conocida, familiares lejanos y quedarme solo con mi mamá y esos dos amigos de la chamba que agregué para que me dejaran de mirar feo en la cafetería.

Quiero que sepas que he dicho cosas sobre ti que no son del todo justas. Por ejemplo, a partir de la foto en que estabas saltando en la playa, deduje que tenías juanetes en los pies que no te dejaban caminar tranquila por la arena. Puede que también haya especulado sobre cuántas neuronas te quemó el decolorante de las mechas californianas y el vestido rosa barbie que te pusiste para ese matrimonio, me sirvió para una semana de chistes con mi mejor amiga de los que no estoy orgullosa.

Mentí, estoy un poco orgullosa de algunos porque estaban cague de risa, pero en general confieso que no he sido THE BIGGER PERSON sobre todo porque soy más flaca que tú y eso no estuvo bien.

Tal vez pensarás que te escribo para hacerte un par de advertencias sobre él, y no me costaría nada porque ese que tienes al costado, es una joyita. Pero es justo que tú sola descubras y disfrutes de todo lo bueno, y con suerte, te demores menos que yo en descubrir lo malo.

Que es bastante.

No en serio, es un huevo, tipo puedo enumerar unas 58 cosas así sin pensarlo demasiado.

Pero la verdad es que probablemente él sea mejor contigo porque los hombres son la peor inversión que hay: te demoras años tratando de sacar lo mejor de ellos y cuando por fin crecen, es otra la que cobra los intereses.

Quiero que sepas también que una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer fue guardar la compostura al verlos por primera vez juntos. Pensé estar preparada, pensé estar más entera pero a veces uno no sabe que tan expuesta está una herida, hasta que algo la roza. Recuerdo el vértigo, la estática, la punzada adentro. El intentar desviar la mirada pero fallar terriblemente en hacerlo y volver a la imagen de los dos una y otra vez. Querer verlos menos felices, menos cariñosos. Querer no estar sola en el dolor y verlo alborotado por tenerme cerca, sintiéndose también un poco perdido, un poco solo. Comprobar que en realidad, él estaba bien. 

Pasaron varias noches de orgullo herido, lágrimas y frustración hasta lograr sentirme en paz de nuevo. Tuve que obligarme a olvidar y más importante aún a perdonar, a dejar ir. Una vez que por fin logré hacerlo, volví a ser yo.   

Eso me lleva a la verdadera razón por la que te escribo y es porque quiero agradecerte. Tú te convertiste en la pared que necesitaba hubiera entre él y yo. Tú viniste a ponerle el punto final a los reencuentros, a los mensajes en la madrugada, al constante cuestionamiento de si la decisión de no estar juntos era la correcta.

Y sí que lo era.

Tú, el personaje que me volvió loca, al que le deseé laxantes en la comida y chicle en el pelo, fuiste lo mejor que me pudo haber pasado porque impediste que le siguiera dando oportunidades a algo que solo estaba destinado a terminar cada vez peor y me obligaste a seguir con mi vida… y mi vida ahora es mucho mejor por eso.

Y si algún día él resulta siendo un error para ti como lo fue para mí, pues déjame decirte te lo dije, eso te pasa por pendeja que él es más fácil de olvidar de lo que parece.

Con falso cariño,

La Ex.

Pdta: Ese “problemita” no solo le pasa cuando está borracho.

La hija de papá


papi y yo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los domingos en este blog son los días de post, no todos, no siempre, pero es una tradición que he tratado de mantener a lo largo de los años. Pero este domingo es como ninguno otro que me haya tocado vivir, es el primero sin mi padre.

Pensé mucho sobre si era aquí donde debía hablar sobre esto y tengo una razón especial para haberme decidido a hacerlo. Los lunes, como tal vez alguno de ustedes lo hace de vez en cuando, mi papi revisaba si había publicado algo nuevo la noche anterior. Se sentaba en su pequeño escritorio a las 6am, prendía la computadora y abría el ícono que lo llevaba directamente a mi blog; tenía uno para eso, uno para su mail y otro para las noticias. Cuando no había publicado nada nuevo, como un buen fan, me reclamaba “ya pues muñeca, cuándo hay post nuevo?”. Le encantaba leerme, reía con las tonterías y ocurrencias que he dejado en este espacio durante los años y me las festejaba hasta el cansancio. El chocheaba conmigo y yo amaba hacerlo feliz.

Mi papá se fue el jueves pasado, dos días antes de la fecha que había marcado en el calendario como “el gran día”: mi boda. Fue inesperado, brutal y sigo batallando con la sensación de que es una pesadilla de la cual en algún momento me voy a despertar y que lo encontraré parado a mi costado, con su terno nuevo, esperando a llevarme del brazo al altar. O tal vez solo sentado en su silla de siempre, mirando un partido de fútbol.

Sé que todo eso automáticamente me convierte en una historia triste, esas que uno no puede evitar compartir con alguien más en tono de incredulidad. Lo he visto en los rostros de las personas que me han abrazado con cariño a dar el pésame, sé que piensan que todo esto debe ser demasiado para mi.

Y no les mentiré, a ratos lo es.

Pero lo que pasa es que no puedo ser una historia triste porque mi papá fue uno de esos hombres que a todo buscaba encontrarle una cuota de buen humor y ligereza, le gustaba decir disparates solo por el gusto de romper el hielo y suavizar el ambiente. Cuando íbamos a comer a la calle todo era “soberbio” “nunca visto” “el mejor que había comido en su vida”. Le gustaba hacer que la gente se sintiera a gusto y feliz. Así que en honor a él, me rehúso a clasificar esta película como un drama porque él, él siempre disfrutó mucho más de la acción y la comedia.

Mi padre fue un hombre entrañable. Era abogado pero amaba escribir. Creó unas novelas que bien podrían ser guiones de películas de James Bond de lo entretenidas que son. Ayudaba siempre si podía y siempre sin pedir nada a cambio más que un café de vez en cuando. Era malo para las reglas y restricciones, algo en él jamás dejó de ser un niño travieso y con ganas de salirse con la suya.

En su velorio vi pasar desde personas que trabajaron con él hace 30 años, hasta amigos de fotos en blanco y negro. Por donde pasó, dejó cariño y amistad y la lista de gente que lo extrañará es larga.

La gente habla de “perder a alguien” y no lo siento así. Todavía puedo escuchar sus pasos pequeños y ligeros caminando por la casa, sus dedos tecleando lento en la computadora algún mail con demasiadas mayúsculas o los golpecitos que me daba en la cabeza mientras me decía “linda mi muñeca”. Trato de repetir todo el tiempo su voz en mi cabeza, porque me da pánico amanecer un día y ya no poder escucharla o distinguirla. Él sigue acá y no está acá, como todo quien ocupa un lugar adentro de nosotros. Su ausencia nunca será tan importante como lo fue su presencia.

Papi, espero que ya hayas formado la mesa de timba con Sinatra y García Márquez. Que te hayan dado un buen whisky y estés contando la historia de cuando hiciste caer todas las copas de cristal recién estrenadas. Que tu energía se haya confundido entre nosotros y eso nos ayude a ser más buenos, pacientes, sencillos y divertidos como lo eras tú. Y espero que te hayas ido sabiendo lo importante que ha sido tenerte y lo mucho que agradezco todo el camino que la vida nos dejó caminar juntos.

Y cuando mañana lunes te sientes a revisar si hay nuevo post, encontrarás éste y sabrás que va dedicado a ti, mi gran e inolvidable chamaco.