Soltera Codiciada Manual de la Soltera Codiciada

Déjame ser la Beyoncé de tu playlist

Carta a un hombre abusivo


 
 
Cubierta Carta de mujeres
 
En el 2013 se me pidió hacer una colaboración para el libro “Cartas de mujeres” como parte de una gran iniciativa que tiene el objetivo de prevenir y erradicar la violencia de género. Mi aporte a este libro se llamó “Carta a un hombre abusivo” y vi la necesidad de compartirlo con ustedes hoy, primero porque el 25 de noviembre es el Día de la no violencia contra la mujer y sobre todo, porque somos nosotras, las primeras que debemos estar despiertas y dispuestas a pelear por generar este cambio. 

Carta a un hombre abusivo

Eres un hombre abusivo. Tal vez no lo sabes, tal vez lo intuyes pero lo niegas. Tal vez eres muy bueno excusándote, subjetivizando, trivializando tus ataques. Todo el tiempo te sientes provocado, tú no quieres ser violento, despectivo, vulgar, pero te fuerzan, esas piernas largas descubiertas,  esa incapacidad de ella para cumplir con lo que se le dice que haga, esa ridícula actitud de creer que puede hablarte de igual a igual, son claras provocaciones. Por eso disfrutas su sumisión y voz baja. Cómo te excita el miedo en sus ojos, verla reducida, temblorosa, abatida, te calienta la sangre.

Tal vez no has golpeado todavía su mejilla, sólo su orgullo. No eres un depredador obvio, tus daños son siempre colaterales. Tu trabajo es lento y minucioso. No saltas encima de la presa a engullirla, solo la hieres y disfrutas verla desangrarse, perdiendo la vida de a pocos. Te encargas de menospreciar su talento, sus cualidades. La privas de toda profundidad y la vuelves un objeto, una muñeca de carne y hueso que manipular, un lugar donde vaciar tus frustraciones  e inseguridades. Su crecimiento te recuerda tu pequeñez, su brillo es un reflector sobre tus imperfecciones. Sabes que no eres mejor y eso te vuelve loco. Sabes que tu fuerza se alimenta de su debilidad,  que mantenerla con la cabeza gacha, mirando el suelo, es la única manera de que no vea lo alto que puede llegar. Tu imperio, tu poder sobre ella está basado en el supuesto de que no será capaz de querer más, de pedir más. Su silencio es tu victoria.

Eres un hombre abusivo desde el primer adjetivo denigrante que usas para calificarla hasta el día en que tu mano atraviesa su rostro, implacable. Lo eres mientras tratas de explicarle que fue un arranque, un impulso, un desliz.  Lo eres mientras  la llenas de cariño y disculpas, de promesas vanas y compromisos de cambio. Lo eres porque no te arrepientes, porque sientes en el fondo que se lo merecía, que se lo buscó.

Eres un hombre abusivo porque no sabes querer, porque para ti el amor es propiedad, es dominio y no libertad. Tal vez esto lo viste en casa, de pequeño, en un padre que disfrazaba al terror de respeto, que bombeaba su autoestima con alcohol,  que estableció desde muy temprano cuál era el “sitio” de la mujer. Tal vez te lo enseñaron aquellas mangas largas que siempre usaba tu madre, ocultando las huellas del forcejeo, la palidez de su rostro cuando escuchaba a tu padre abrir la puerta, el repertorio de excusas que tenía para justificarlo, cómo siempre tuvo palabras para defenderlo a él pero nunca para defenderse a ella misma y cómo el miedo que él le infundía no era mayor, al miedo paralizante de llegar a perderlo. Puede que por ello no sepas, no entiendas cómo amar a una mujer, o peor aún, no sientas que es necesario hacerlo. Puede que para ti el amor solo sea sinónimo de debilidad.

Y debo decirte, hombre abusivo, que es cada vez más complicado ser como tú. Vives ahora en mundo que ha ido despertando, donde el “sexo débil” ya no existe, porque más importante que la fuerza física es la fuerza de voluntad. Este mundo se ha ido llenando de mujeres guerreras, potenciadas, decididas, autosuficientes, que rechazarán tus agravios con dureza y te devolverán el favor, que no andan esperando tu confirmación y visto bueno para decretar lo que quieren, lo que son. Mujeres que no te convienen, porque no se quedarán calladas, porque podrás herirlas pero no victimizarlas, porque sabrán ver a través de tu pedantería machita, como si fueses un cristal, descubriendo así tus flancos e inseguridades.

Has perdido, además, tu status quo, tu patriarcado, tu inmunidad social. Estás en la lista de los más buscados. Tu abuso podrá cometerse en privado pero ahora se enjuicia en público. Te irá tocando, poco a poco ser el que duerma intranquilo, apretando los dientes, preguntándose si el silencio es paz o suspenso. Así es hombre abusivo, quiero pensar que tus días en esta sociedad, están contados.

 

Lección #86 Tu vida amorosa es una historia de terror


thriller

Halloween pasó por nuestras vidas un año más, dejándonos importantes hechos como:

1. Todos se sienten menos culpables de estar celebrando Halloween y no la canción criolla, si el DJ de la fiesta pone festejo a las 4 de la mañana.

2. Hubieron tantas fotos de gatitas que mi Facebook parecía el Parque Kennedy.

3. La mayor parte de ustedes no estaban disfrazadas del Guasón inicialmente, pero la mezcla de labios rojos y ron, creó resultados parecidos.

Pero, tal vez la más importante reflexión que nos deja este día, es que si nos ponemos a analizarlo, muchas andan viviendo historias de terror que van más allá del 31 de Octubre y son protagonizadas por alguno de estos problemáticos seres:

El zombie:

Tú ya habías matado a este cabrón. Le habías apuntado al centro de la frente y lanzado un “Esto se acabó” pero de alguna manera ahora está ahí, extendiéndote los brazos, balbuceando cosas, queriendo de nuevo apoderarse de tu cabeza. Y el tema con los zombies, es que, no son seres muy amigables. No regresan para ponerse al día contigo mientras disfrutan de un mate de frutos rojos y un quiche. Nop. El zombie tiene algo de venganza adentro, de ganas de descerebrarte lo suficiente para que consideres tener algo con él de nuevo. Cuidado con estos, ya que llevan adentro ese virus que mientras más caso les haces, más se fortalecen y más te cuesta deshacerte de ellos después. Tal vez el truco está en no tratar de matarlo de nuevo, sino en acordarte porqué lo eliminaste la primera vez.

El vampiro:

Ojo con este amor de colmillos afilados que insiste en succionarte la vida hasta dejarte cual mango deshidratado. El vampiro es ese que viene de visita en las noches pero que después parece andar encerrado en un sarcófago, porque no te da ni la hora. Es el que se alimenta de tu energía, de tu atención de tu excesiva cojudez. El vampiro es peligroso porque es atractivo, porque hay algo sexi en su manera excesivamente misteriosa de ser. ¿Cómo reconocerlo? Bueno porque sale contigo, pero claramente le tiene miedo a la luz, porque nunca en público. Tú sabes que eres presa, tú tienes clarísimo que no vas salir entera del asunto, pero ahí estás, poniéndole el cuello en la nariz. Puede que la mejor forma de repelerlo sea el ajo, el “carAJO deja de pendejearme, pelotudo”.

El “scream”:

Son las 2am, tu duermes plácidamente en tu cama mientras sueñas con un montón de Ryan Goslings disfrazados de ovejas saltando cercas, cuando de repente suena el teléfono y sientes la amenazante voz de este sujeto que promete sólo traerte problemas. Es pues la vocecita de quien has estado deseando te llamara por semanas, semanas plagadas de ojos hinchados, cortes de pelo, borracheras con jelly shots, uso excesivo de buzos y cuestionamientos múltiples de tu capacidad para alguna vez sentir amor de nuevo. O sea, tranqui.

Y si hay algo que nos han enseñado las pelas de terror es que nada bueno sale de las llamadas en plena madrugada. A no ser que seas Meryl Streep y te hayan nominado por 130231 vez al Oscar, es raro que recibas muchas llamadas a esa hora que sean positivas. Y tal vez este pendejo en serie te atacará con un “te extraño” o peor aún “estaba pensando en ti”, en cuyo caso, y como regla general, la gente que te extraña y piensa en ti también suele hacerlo después del desayuno o antes del postre de media tarde, no necesitan esperar a que estés semicomatosa, confundida y emocionalmente paralizada para decírtelo.

Para combatir a este ser, te digo lo mismo que le grito a la chica de la película: “NO CONTESTES EL TELÉFONO COJUUUUDAAAAA”

Las únicas conversaciones que valen la pena tenerse a las 2am son aquellas que duraron hasta las 2am, no empezaron a esa hora.

***

Así que vaya deshaciéndose de los monstruos que viven debajo de la cama (o adentro de la cama), y dejemos las historias de terror para las fogatas. Eso sí, si no paran de perseguirte los romances terroríficos, nunca está demás preguntarte, sino serás tú la bruja.

Lección #85: 16 momentos que pasan durante la regla.


1.El momento en que te das cuenta que no estás embarazada.

taylor dancing

2.El momento en que sientes que si no comes toda la comida del mundo, no podrás seguir existiendo.

where's my food bitch

3.El momento en que te das cuenta que estás fantaseando con un enamorado… de chocolate.

tina fey chochalte

4. El momento en que miras un bebé y deseas con toda tu alma tener uno, no, mejor 3 y abrazarlos y apretarles los cachetitos y hablarlesh ashi.

baby apretar

5. El momento en el que piensas:”Mi vientre está vacío, hay miles de bebés por el mundo y ninguno está en mi vientre, en mi desolado y triste vientre”

britney llorando

6. El momento en que tipeas en Google “cachorro ridículamente pequeño abrazando un dedo”.

puppy adorable

7. El momento en que rozas tu boobie con algo y sientes como si te hubieran pasado una lija forrada en púas.

fuck

8. El momento en que sientes que tu cuerpo te odia y se está vengando de ti clavándote agujas en los ovarios.

jen sufriendo

9. Ese momento en que una amiga te dice “ay qué raro, a mi nunca me ha dado dolor de ovarios”.

shut up

10. El momento en que te ataca el existencialismo y estás absolutamente segura que todas las decisiones que has tomado en la vida han sido equivocadas y estás encaminada hacia el fracaso y la desesperanza.

babe decepcionado

11. Ese momento en que el chico del delivery de tu mega stacker doble con extra queso, papas grandes y postre, te pregunta por qué lo miras.

salvadora

12. Ese momento en que te cruzas con un espejo y sientes que necesitas cirugía plástica reconstructiva en todo el cuerpo.

mirror

13. Ese momento en que estás caminando por la calle y te entra la paranoia de que se te pasó.

surprised mouse

14. Ese momento en que alguien te dice “estás con la regla, no?”.

carrie lanzando fuego

15. Ese momento en que el más minúsculo e irrelevante inconveniente te desata una depresión aguda.

zoey crying

        “Me cayó mostaza en el pijamaaaaa”

16. Y ese momento, en que por fin se acaba.

happy

 

 

Lección #84: Cosas que pasan cuando terminas una relación larga


La gente que todavía no lo sabe y te pregunta por él

- Y, ¿cómo está Perencejo?

- Pues vas a tener que preguntárselo tú, porque terminamos.

Silencio incómodo seguido por el infaltable ¿Queé pasooo? con el mismo grado de preocupación que si le hubieses anunciado que te amputaron la pierna.

“¿Quieres saber qué pasó? Bueno, fueron años de intentar sacar adelante algo que claramente no iba hacia ningún lado, enmarcado por una serie de discusiones pasivo agresivas mezcladas con ese pánico que te da el terminar con alguien con quien tienes tanta historia y al mismo tiempo la flojera que te da el tener que desetiquetarte de 231343 fotos y encontrar una decente de perfil que no lo incluya”. 

Esa sería una buena respuesta, pero tú ya sabes que lo correcto es decir un político “simplemente no funcionó” y/o “es para mejor” que hacen que la persona del frente pueda seguir con su vida sin convertirse en tu terapeuta improvisada.

Acostumbrarte a ser una sola

Hay los que no saben y te preguntan por él, y los que sí saben pero tienen comienzos de alzheimer y ganas de verte llorar en público se olvidan.

- Oye, ¿vas a venir con Perencejo a la fiesta? … uy ay… me olvidé amiga, sorry, qué tonta.

Y tú sonríes y lo entiendes, porque todos están acostumbrados a que ustedes sean un ítem, un solo código de barras, un “invito a uno porque ya sé que van a venir los dos”. Lo entiendes porque tú también estás acostumbrada, a ratos te parece raro que no haya nadie en el asiento de al lado, no hayan por lo menos 3 llamadas de “mi amor” en tu listado del celular, ni quien te recoja del trabajo para dar una vuelta o ronque al costado en la noche. Es extraño como después de todo ese tiempo que invertiste en tratar de hacerlo parte de tu mundo, ahora debes desacostumbrarte a la idea de él.

Las reuniones con amigos emparejados

Tú tienes amigos, amigos bacanes, amigos cheeeveeeres, lo único que no te habías dado cuenta en todo este tiempo es que todos ellos, están emparejados. Tu círculo social, en su mayoría, parece una maldita arca de Noé. Así que cuando llega la hora de hacer planes con ellos pues te das el discurso de aliento a lo Natalia Málaga y vas a la reu que te invitaron, repitiéndote a ti misma que tampoco puede ser tan grave, al final del día, lo importante es que la pasas lindo con ellos.

Eso te dura aproximadamente media hora.

A partir del minuto 31, estás consciente de que la conversación va a girar en torno de los que hablan del matri, los que hablan de los bebés, los que hablan de lo que cuchi cuchi hizo el otro día no me lo vas a creer, de los viajes juntos y tú empiezas un apasionado romance con el alcohol. La ternura, los seudónimos adorables, los abracitos para dar calor, las servidas de trago el uno para el otro…  no habías notado lo irritantes que eran todos hasta hoy, porque tú solías ser una de ellos.

El haber olvidado  como “solterear”

La soltería no es como montar bicicleta, dado que te olvidas por completo de como es si pasas mucho tiempo sin hacerlo. A lo que sí se parece, es a APRENDER a montar bicicleta: una caída tras otra, duele como el diablo y sientes que jamás lograrás estabilizarte.

En fin, haber estado fuera de las canchas claramente ha perjudicado tu habilidad para ejercer la soltería. Te encuentras a ti misma mirándote al espejo preocupada por si lo que llevas puesto todavía es considerado atractivo para salir a bailar, y si lo que te has puesto no es una chibola de 19 años, entonces probablemente la respuesta es no.

Llegas a la discoteca, te pides algo de tomar, te das cuenta que vas a tener que irte suave con el alcohol porque con dos más no vas a poder pagar la cuenta de la luz. Bailas con tus amigas, ves a un pata que te parece simpático y que se está acercando…De repente, entras en absoluto pánico.

¿Qué se supone que tienes que hacer ahora? Intentas una sonrisa coqueta…

sonrisa rara

Good one. 

¿Por qué es tan difícil? Mientras lo ves acercarse piensas a qué se dedicará, si tendrá una buena chamba o será otro de esos hombre-proyectos que hay que decirles qué hacer en la vida. Te das cuenta que vas a tener que pasar de nuevo por toda esa etapa en la que los dos fingen que son perfectos, en que tú duermes en camisón y despiertas oliendo a menta,  ¿cuánto se demorarán en llegar a ese momento en que ya se sienten cómodos el uno con el otro, en que por fin son sinceros y puedes decirle que te aburre fatalmente el misionero, no has visto ninguna pela del Señor de los Anillos y te encanta Mocedades?

Cuando te das cuenta, ya está bailando con una de tus amigas. Y es que tienes el síndrome de la soltera reciente, en el que todos los candidatos están medidos con la vara de lo que fue tu relación pasada, con lo bueno y lo malo.

Al final lo complicado está en que tienes que reconectarte contigo, con ese tú sin él. No es fácil encargarse de todo eso que uno tan comodamente puso en manos de alguien más durante un tiempo y aprender a tú ser suficiente para ti. ¿La buena noticia? Ahora sabes más de lo que quieres y lo que buscas y entiendes mejor lo que te hace feliz ¡Salud por eso soltera codiciada!